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Viejo año nuevo

Una tormenta de lluvia y viento se ha descargado esta mañana. El día de ayer ha sido abrumadoramente caluroso y una vez más me quedo asombrado de la tremenda diversidad de este clima pampeano y la velocidad con que cambia su talante.

Se diluyen las ganas de cualquier cosa. Se quedaría uno sentado en Amélie todo el día, leyendo diarios y libros, escribiendo o nada más mirando a la gente que entra y sale con su variedad de temas y costumbres.

Ya nadie parece querer más. El año se termina y vuelve de nuevo esa ridícula idea de que el uno de enero cambia todo y se hace nuevo y distinto. La gente quiere irse de vacaciones después de cenas, brindis y buenos deseos.

Me voy al norte, me voy a las sierras, me voy a Bariloche, me voy a Buzios, dice la gente con la que hablo. Yo no me voy a ninguna parte. Me quedo en mi territorio blanco y marrón, en un rincón escondido de la ciudad, en mi edificio de casi un siglo. Y espero…

No sé qué rayos espero. A veces tengo ganas de todo y más frecuentemente ganas de nada. La lluvia me entra en el alma y el viento me transporta a un no lugar donde no hay que explicar nada, no hay que creer nada, no hay que negociar con nada ni con nadie.

Y me sigue asombrando, entre tantas otras cosas, esa tranquilidad que tienen los que están seguros, los que se sienten ya confirmados para saecula saeculorum. Ese como desparpajo de dar por descontado todo porque ellos ya la tienen clarita y lo único que queda esperar es el desenlace del conflicto de los siglos. Así, no se tienen que preocupar del sentido de las cosas, del destino del mundo, de la desmadrada tragedia de los otros que no son parte del proyecto. “¡Mala suerte para ellos – dicen – pues, así no más es la cosa!”

Por eso la tormenta de esta mañana me importa. Me saca de mi no lugar y me mete en el estado de las cosas. Y en que no haya paz, ni justicia, ni orden, ni alcance para todos. Y en lo que puede pasarle a los otros, a aquellos con los cuales no me une más que la singularidad de la raza, el destino común en esta gota de barro en el universo que es nuestra tierra.

Viejo año nuevo.

Atento a las señales

“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.” Daniel 12:4.

Nadie puede negar que el aumento de la ciencia en los último años ha sido como nunca antes, tenemos el privilegio de experimentar los avances tecnológicos de mayor relevancia y ver con nuestros ojos cosas que jamás hemos imaginado que fueran posibles.

Sin embrago, la Biblia enseña que esta aceleración de la era tecnológica es una señal de los últimos días. Sofonías 1:14 (NVI) dice: “Ya se acerca el gran día del Señor; a toda prisa se acerca. El estruendo del día del Señor será amargo, y aun el más valiente gritará.”

¿Crees que hay tiempo?  Nadie sabe el día ni la hora del regreso de nuestro Salvador, pero el aumento de la ciencia y  el comportamiento del ser humano, son señales que nos indican el pronto retorno de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia dice: “Por lo tanto, cuando todas estas cosas comiencen a suceder, pónganse de pie y levanten la mirada, ¡porque la salvación está cerca!” Lucas 21:28 (NTV)

Si aún el Señor no ha venido, es por amor y misericordia a nosotros, pues no quiere que nadie se pierda, sino que todos vuelvan a Dios. (2 Pedro 3:9) ¿Estás preparado para el retorno de Jesús? ¿Amas a Dios con todo tu corazón, fuerzas, alma y mente? ¿Confías en Jesús cómo tu único Señor y Salvador?

La profecía de Daniel ha sido cumplida y la segunda venida de Jesús pronto se cumplirá. Porque Dios no miente y es fiel a su palabra. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).

Si aún no has recibido por fe a Jesucristo como tu Señor y Salvador, hoy es el día, porque nadie sabe cuándo vendrá el Señor, puede ser hoy o mañana. Lo importante es que debemos estar atentos a sus señales y preparados para irnos con Él.

“…cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy.” Juan 14:2.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Historias para armar

Aeropuerto de Nueva York. 1991. Espera. Boletos usados al cesto de la basura. Vuelo transatlántico. Regreso. Boletos sin usar para vuelos internos. No están. Los tiraste!

Espera. Hotel de segunda. Cuarto barato. Cortinas de cretona. La tarde. La lluvia. Las cinco. Ya no vino. El fin de la historia. Check-out.

El perro. Las cinco de la mañana. Ladridos lastimeros. Por favor, señora! Pero no digo nada. Espero cinco minutos. Silencio. Qué lata. Cómo volver a dormir.

Los helechos. 1967. Cuesta Los Añiques. La mañana después de la tormenta. El sol. Las gotas de lluvia. Arco iris en los helechos. La vida toda disponible.

Intriga internacional. 1959.  Seis años. Cartagena. El cine por primera vez. Título original: North by Northwest. Cary Grant. Eva Marie Saint. Asombro infinito.

La poza de la gruta. Cajón del Maipo. Los años verde agua. La cascada. El pozo profundo bajo la gruta. Todo era posible.

Licán Ray. El lago. El viento y las olas. El campamento de jóvenes. La tertulia nocturna. El hombre verde. La niebla sobre los cerros.

La tormenta. Villa María. El calor y la humedad. El granizo. Diluvio de proporciones bíblicas. La calle inundada. La fresca resaca. La paz.

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Vejez. La orgánica del cuerpo que se desestructura implacable. Los anuncios soterrados del sistema que acusa incipientes fallas. El progresivo retorno a la tierra. Repentinas asincronías de la relojería del corazón. 

La habitación. Le embargaba la tentación de huir, de seguir pretendiendo que esa habitación sólo existía en su imaginación. Pero era el tiempo de volver a entrar y enfrentar lo que fuera que hubiera allí.

……………………

Cumpleaños. Historias sin fin. Memorias repetidas hasta el hartazgo. Olvidos perdonables. Recuerdos imperdonables. El cuerpo y la mente, ese gran divorcio. La primera ley de la termodinámica como consuelo de tontos.

Instituciones. El vasallaje de la mente. El control del tiempo. La presión sobre el bolsillo. El dominio de la nomenclatura. Genuflexiones y besamanos. Aquí se hace lo que dice el jefe.

Noche. La pregunta como martillo constante. El miedo. Las horas en blanco. Ir al baño. Los sueños con argumentos de película de suspenso, volar, la ropa que falta en público, los dientes que se deshacen.

Qué hago aquí

Aquí viene la inmensa mayoría a buscar consuelo, orientación, celebraciones, jolgorios y realizaciones magistrales. Aquí se explora el sitio para hallar consejos y espiritualidades en boga. Se acude para convocarse a solemnes encuentros y oír cosas halagüeñas. Aquí se encuentran todos para hablar en su idioma y compartirse crónicas de triunfo en su propio lenguaje en el marco de sus convicciones y certezas. Porque esta es la comunidad de similares. Aquí se está instalado con los ciudadanos del propio país invisible y los extraños pueden ser aceptados siempre y cuando no desafinen con juglarías laterales, vestimentas y cosméticas raras y vocabularios oblicuos e incomprensibles.

Aquí está la felicidad certificada, el consejo oportuno, la foto precisa, la sonrisa perfecta, el comentario archipredecible, el me gusta y el compartir que repite ad infinitum lo que ya se ha dicho seis mil millones de veces. Por estos territorios circulan las reconocidas formulaciones del saber dosificado que no sobrepasa el primer grado y debiendo ya ser graduados es necesario seguir diciendo las mismas cosas del abecedario inicial porque ahí es donde reside la única plenitud que es posible recordar. Las complejidades nunca proporcionan alegrías; al contrario, lo encaran a uno con la fealdad de las cosas, con el dolor, con la muerte, con la tristeza, con el desamparo, con la perturbadora otredad y por eso es mejor quedarse siempre como eternos aprendices en el pequeño pueblo muy feliz.

Yo qué hago aquí no es una pregunta retórica. Es la interpelación desesperada del ejercicio lateral, de la palabra otra que se pregunta imposibilidades y confiesa pecados, fracasos y destituciones. De la pregunta al vacío, de la constatación del silencio, que busca senderos porque las llegadas eran a ninguna parte. Es el asombro interminable ante el demoledor desparpajo de los que se creen poseedores absolutos, dominadores, triunfantes, señores del tiempo, articuladores de la vida, voceros de la eternidad.

Yo qué hago aquí es el hallazgo de la propia debilidad, el desencuentro de la mente con mi adversario el cuerpo, el cansancio de la vida, el roce electrizante con la triste historia de los desheredados del cielo y de la tierra.

Alguien, con buena voluntad, podría decirme tal vez qué hago aquí…

Obedece sus instrucciones

“Y ahora, queridos hijos, permanezcan en comunión con Cristo para que, cuando él regrese, estén llenos de valor y no se alejen de él avergonzados.” 1 Juan 2:28 (NTV)

Antes de que la tierra fuera destruida por el diluvio, Dios vio que todas las personas se habían corrompido, excepto uno, Noé, quién era un hombre justo, intachable y que siempre estuvo en comunión con el Señor.

Entonces Dios le dijo a Noé: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera…” Génesis 6:13-14.

Antes de que Sodoma y Gomorra fueran destruidas, Dios vio que el pecado de las personas en estas ciudades era mucho. Pero Lot halló gracia y misericordia ante el Señor.

Los ángeles le dijeron a Lot: ¿Tienes otros familiares en esta ciudad? Sácalos de aquí. “Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.” Génesis 19:13.

Algo que Noé y Lot nos enseñan es que la obediencia a la palabra de Dios es fundamental para que seamos salvos. La pregunta es: ¿Estamos escuchando las instrucciones de Dios y siendo obedientes?

Antes de que la tierra sufra los siete años de tribulación, el Señor salvará a sus hijos y los llevará a Su presencia, así como salvó a Noé y Lot en aquel tiempo. La Biblia dice que llegará el día en el que el Señor destruirá la tierra y donde todas aquellas personas que no obedecieron serán castigadas eternamente. Y Jesús no quiere eso para ti y  tu familia.

Dios te ama tanto que su anhelo y deseo es que seas salvo. Pero para ello debes seguir sus instrucciones y obedecerlo. Dios habló a Noé y le dijo cómo él y su familia podían salvarse. Lo mismo pasó con Lot, el Señor envió ángeles para decirle cómo podían ser salvos y escapar de la destrucción. Ambos (Noé y Lot) hicieron exactamente lo que el Señor les había ordenado y fueron salvos.

No dejes de leer la Biblia y obedecer las instrucciones de Dios. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará.”

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Amapolas en el trigo

(Al músico principal – Sobre “El valle de los leones”)

Entre los intersticios del dolor se halló un pequeño sendero hacia la luz. Una luz pequeña que vino a aliviar la oscuridad de milenios. La pesada penumbra que se cernía por los siglos de los siglos retrocedió despavorida y de todas partes salieron voces, interjecciones, gritos, lamentos escondidos, lágrimas guardadas hasta aquel instante en que la redoma de la palabra se abrió para recibirlas sin preguntas, cuestionamientos o juicios.

Todas las voces, todas las canciones, todos los poemas, todas las declaraciones aparecieron como amapolas entre el trigo y fueron evidentes para el observador perceptivo. Fueron recogidas con mano atenta, con delicadeza suma. Fueron traídas al altar de las respuestas. Cada una de ellas encontró un consuelo, una explicación, un alivio, una esperanza.

Fue un alboroto mágico, un desbande alegre y colorido, una manifestación con alas. Una explosión de sentimientos que sólo ellas podían explicar porque hay cosas que les pertenecen y nadie más puede descifrar hasta que son pronunciadas en el lenguaje que les es propio, su idioma singular.

Un caminante vino desde lejos. Traía antiguas canciones en su morral y las ofreció. Por el precio de una les dejo dos, decía, pero era en broma. Se las regaló no más. Porque a lo mejor querían aprenderlas y luego podrían cantarlas en su propio país, en su territorio original. Eso tienen las canciones y los poemas: abren puertas inimaginables según el talante de quien pronuncia sus notas y sus versos. Se remontan mucho más allá del pobre poeta que las inventó.

Eran las hilanderas de la luna. Eran las balsameras que sonaban sus copas antes del asalto de David al lugar fuerte. Eran las espigadoras en el campo de Booz. Eran las diligentes voluntarias que recogían los cuerpos de los heridos y los curaban en las tiendas de la retaguardia. Eran las sobrevivientes de Lamec. Eran las mártires de la violencia del levita de Jueces. Eran las heroínas que abatieron a Sísara y las otras, que vieron a Jesús resucitado antes que cualquier hombre en la tierra.

A la hora del adiós se acallaron todas las voces, todos los sonidos. En el largo camino de regreso hubo tiempo para los pensamientos, para el silencio del después, para la recopilación de memorias, para retomar más tarde el duro oficio de la realidad.

Sólo que esta vez un ramillete de amapolas iluminaría la cruda luz del día siguiente y bajito – bien bajito – la canción.

La canción.

La balada del loco

¿Será en el rumor de los álamos en una tarde de verano que vendrá la señal del regreso? ¿Se hará visible a la luz de la luna en una estación de ómnibus en medio del desierto a las tres de la mañana? ¿Estará cifrada en el murmullo apagado de las pequeñas olas que mueren en la playa del pueblo lacustre de Coñaripe? Va a verse a lo mejor en la reverberación del sol entremedio de las hojas de los árboles a las cinco de la tarde.
Puede ocurrir también que se meta directamente en los huesos y haga arder la sangre y no haya más remedio que salir a la plaza levantando la voz como esos locos antiguos medio desnudos profetizando hambrunas y cautiverios o viviendo como enajenados en los cerros lanzando desde las soledades anatema contra la ingeniería del poder y sus funcionarios.
En las madrugadas el loco se despierta agitado y la oscuridad no hace más que confirmar el oficio de la angustia. Febriles imprecaciones ejecutan una danza salvaje en su cabeza. Oscuras premoniciones atormentan su juicio enrarecido por la desazón y el miedo. Palabras repetidas como un mantra desesperado intentan conjurar el reclamo de la conciencia.
Elabora complicados mecanismos de fuga y argumentos que neutralicen el señalamiento. Tal vez un sueño sin retorno, una huida sedosa y apacible hacia la nada porque no hay responsabilidades pendientes en Nunca Jamás. Un mecanismo ingenioso que desactive con indolora maestría el sentir, el saber, el pensar.
Cómo era… Ah, sí: Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra. No hay modo de descifrar los arcanos que alivien los tiempos humanos. Ningún sistema posible va a revertir la locura de las generaciones presentes. Ningún anuncio va a estremecer las almas porque hay demasiada grosura, demasiada contingencia, demasiada complacencia. No hay linimento alguno para los desheredados del cielo y de la tierra. Es que se afanan los epónimos con sus discursos triunfantes y sus raptos estelares. Intiman a la inmensa mayoría a que no hagan caso del loco. Hay demasiados indicios que señalan los gloriosos días del triunfo y sólo hay que esperar el bien increíble que será pronto manifestado. Hay que ir dejando todo como está no más.
No tiene caso, piensa el loco. Y va buscando senderos laterales, oasis secretos, recursos paralelos para deshilvanarse y apurar el descanso.

A todo terreno

Dios claramente nos manda a predicar su evangelio para que todo el mundo pueda conocerlo. Tal vez nosotros hemos dado ese privilegio de conocer de Dios a un solo grupo de personas, tal vez sólo familia, pareja, amigos, etc. pero no a todo aquel que se aproxima a nosotros, gente que nos rodea y que, si bien no forma parte de nuestra vida, llega en algún momento a hacerse presente.

En la parábola del sembrador podemos observar que la semilla cayó en todo lugar, en tierra dura, en piedras, entre espinos y también en tierra fértil; haciendo una comparación con lo que es el predicar el evangelio, debemos entender que Dios no hace excepción de personas, Él brinda su amor, perdón y salvación a todo aquel que lo recibe, la semilla es la misma para todos, lo diferente es la tierra en la que caerá.

Quizás nosotros nos hemos abocado a solo llevar esa semilla, esa palabra, a personas que creemos que sí la recibirán bien, excluimos a personas que tienen una vida de pecado constante o son discriminados por la sociedad y no cumplimos con exactitud lo que Dios nos ha mandado.

La Palabra de Dios lo dice claramente “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15 (RV-1960)

Sólo Dios conoce el futuro, quién se salvará y quién no, así que nuestra misión está en predicar el evangelio de Cristo a todo aquel que nos rodea, sea cual sea la ocupación, la apariencia o la posición que tenga.

Si esa  persona a la que le hablaste no quiere decidir por el amor de Dios no es culpa tuya, cumple tu parte dejando esa semilla y orando por esa persona.

Comencemos a esparcir esa semilla por doquier porque todos tienen el derecho y merecen tener la oportunidad de recibirla.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Instalaron una Cámara a Estación Espacial. Lo Que capturaron Me Quitó El Aliento! ESPECTACULAR

Este Increíble “time-lapse” fue tomado desde la estación espacial Internacional. El Video es extraordinario Nuestro Planeta desde arriba arroja un espectáculo poco común.

Unos Expertos adjuntaron una cámara en el exterior de la Estación Espacial Internacional registrando imágenes de la Tierra en la noche.  Los impresionantes efectos visuales y lugares vistos en este video de lapso de tiempo son simplemente notables.

“Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.”
Apocalipsis 15:3

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.”  Salmos 19

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