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Viejo año nuevo

Una tormenta de lluvia y viento se ha descargado esta mañana. El día de ayer ha sido abrumadoramente caluroso y una vez más me quedo asombrado de la tremenda diversidad de este clima pampeano y la velocidad con que cambia su talante.

Se diluyen las ganas de cualquier cosa. Se quedaría uno sentado en Amélie todo el día, leyendo diarios y libros, escribiendo o nada más mirando a la gente que entra y sale con su variedad de temas y costumbres.

Ya nadie parece querer más. El año se termina y vuelve de nuevo esa ridícula idea de que el uno de enero cambia todo y se hace nuevo y distinto. La gente quiere irse de vacaciones después de cenas, brindis y buenos deseos.

Me voy al norte, me voy a las sierras, me voy a Bariloche, me voy a Buzios, dice la gente con la que hablo. Yo no me voy a ninguna parte. Me quedo en mi territorio blanco y marrón, en un rincón escondido de la ciudad, en mi edificio de casi un siglo. Y espero…

No sé qué rayos espero. A veces tengo ganas de todo y más frecuentemente ganas de nada. La lluvia me entra en el alma y el viento me transporta a un no lugar donde no hay que explicar nada, no hay que creer nada, no hay que negociar con nada ni con nadie.

Y me sigue asombrando, entre tantas otras cosas, esa tranquilidad que tienen los que están seguros, los que se sienten ya confirmados para saecula saeculorum. Ese como desparpajo de dar por descontado todo porque ellos ya la tienen clarita y lo único que queda esperar es el desenlace del conflicto de los siglos. Así, no se tienen que preocupar del sentido de las cosas, del destino del mundo, de la desmadrada tragedia de los otros que no son parte del proyecto. “¡Mala suerte para ellos – dicen – pues, así no más es la cosa!”

Por eso la tormenta de esta mañana me importa. Me saca de mi no lugar y me mete en el estado de las cosas. Y en que no haya paz, ni justicia, ni orden, ni alcance para todos. Y en lo que puede pasarle a los otros, a aquellos con los cuales no me une más que la singularidad de la raza, el destino común en esta gota de barro en el universo que es nuestra tierra.

Viejo año nuevo.

Navidad en rojo

Tenía nueve años apenas. Era el último día de clases y después de la ceremonia de clausura debíamos hacer una fila para recibir un regalo sorpresa de Navidad que una pareja de profesores sacaba de un enorme saco blanco.

De ahí salían pelotas de todos colores, carritos de bomberos, pistolas de cowboy que parecían verdaderas, juegos de palitroques. A medida que se acercaba mi turno crecía en expectativa. Así que no supe por qué me vi recibiendo de manos de la profesora un pequeño jarrito de plástico rojo. No entendí nada. Mis ojos le decían algo como “Perdón, pero creo que se equivocó” y me quedé inmóvil por lo que me tomó del hombro y me dijo: “¡Ya pues, niñito, avance!”

No lo podía creer. Pensaba que sería una gran suerte recibir un juego de pistolas o al menos una pelota imitación cuero. Pero, ¿un jarrito para tomar la leche o algo así? Me encontré con mis hermanos para regresar a casa y por cierto ellos habían corrido mejor suerte que yo. ¿Tengo que decir cuánto se rieron de mí todo el camino?

La cosa no paró en casa. Recuerdo que mi papá hizo alguna broma también y en un arranque de ira me levanté de la mesa y rompí el bendito jarro a pisotones en el suelo de cemento.

Un rato después, cuando ya el asunto no era tema, fui a escondidas a buscar los restos de plástico y tengo que confesar que sentí mucha pena por ellos. Al fin y al cabo, si me lo hubieran dado cualquier otro día para tomar la leche en el recreo hubiera estado todo bien. Pero en Navidad, a los nueve años, ¿quién quiere un pequeño recipiente de plástico rojo? ¿Qué culpa tenía el jarrito?

De esta experiencia aprendí lo relativo que es este asunto de los regalos: si serán algo especial, sin importancia alguna o un momento desagradable de la vida. Pero eso no tiene que ver con el regalo, sino con el momento en que nos encontramos. Tal vez tenemos expectativas excedidas. O no tenemos ganas de nada. O posiblemente será el pequeño gesto que cambiará para siempre el destino de nuestras vidas (aunque esto último suena un poco exagerado).

Quién sabe…

Tus vecinos necesitan ser salvos

“¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” Romanos 10:15 (RVR1960).

Muchos de nosotros tenemos vecinos que no conocen al Señor y los conocemos desde hace mucho tiempo y jamás les hemos hablado del amor y el perdón de Dios, ni mucho menos de su destino lejos de Él. La palabra nos dice que son hermosos los que anuncian la paz y las buenas nuevas de salvación. Anunciar la paz significa tener actos de bondad, amabilidad y amor hacia nuestros vecinos, estas actitudes prepararán sus corazones para creer en Jesús y así obtener la salvación que le permitirá vivir eternamente junto a Él.

Pero ¿Cómo podrán ellos conocer de Dios si no les hablamos? ¡Seamos los que anuncien la Buenas Nuevas!

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El tiempo y el destino

Es niebla y sombra el porvenir / Sólo hay recuerdo en la añoranza / La vida vuelve a sonreír / Que recordar es revivir / Que el tiempo y el destino / Detengan su camino / Y aquel cariño al evocar / Podrá un instante eternizar

(El tiempo se detiene, canción de Salvatore Adamo)

Esta y otras canciones de Salvatore Adamo acompañaron nuestros sueños románticos de la adolescencia a fines de los sesenta y comienzos de los setenta. No les voy a infligir (al menos hoy) mis recuerdos porque ustedes sin duda que tienen los suyos y deben ser, como todos, un poco de dulce y un poco de agraz.

Lo que me convoca hoy es la frase Que el tiempo y el destino detengan su camino. Desde los comienzos del andar humano por este mundo nos ha intrigado el arcano del tiempo y su posteridad, el destino; una buena frase para armar un cuento: El tiempo y su posteridad, el destino.

¿Qué es el tiempo? ¿Es una idea o una cosa? ¿Existe efectivamente o nosotros lo inventamos para poder armar la crónica de nuestro viaje? Recordar, nos dicen, es volver a pasar por el corazón. Los antiguos, los muy antiguos digamos, no tenían conocimiento del cerebro ni de que allí se alojara nuestra conciencia; para ellos todo pasaba por el pecho y las entrañas. ¿Y no será que también lo armamos al tiempo para proyectar hacia alguna parte nuestros sueños y deseos?

Otra gente nos dice que el pasado no existe – es sólo memoria; que el futuro tampoco – es sólo ilusión. Que existe sólo el instante. Que las primeras palabras de este texto ya no son una cosa sino apenas un dato abstracto.

Pero nos fascina la idea de que antes de ahora y después hay algo concreto, algo existente que es nuestra historia para atrás y nuestra posibilidad para adelante. ¿Quién no ha soñado con la máquina del tiempo? Charles Dickens hizo un cuento maravilloso con esta idea haciendo viajar al viejo Ebenezer Scrooge por su pasado y por su futuro.

Lo concreto es que exista el tiempo o no, el cuerpo y la mente nos convocan continuamente a recordar esa sentencia de Pablo Neruda: La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. / Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

El cuerpo y las neuronas no mienten. Tan fieles que son…

¡Eres valioso!

“Cinco pajaritos apenas valen unas cuantas monedas. Sin embargo, Dios se preocupa por cada uno de ellos. Lo mismo pasa con ustedes: Dios sabe hasta cuántos cabellos tienen. Por eso, ¡no tengan miedo! Ustedes valen más que muchos pajaritos.” Lucas 12:6-7 (TLA).

Los pajaritos en los tiempos de Jesús, eran una mercancía barata, casi sin valor. Sin embargo, Dios no se olvidó de ninguna de ellos, ni tampoco lo hará con nosotros que somos mucho más valiosos, al punto que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contadas.

Tal vez en algún momento de tu vida hayas sido víctima de bullying ya sea en una escuela, trabajo o hasta en tu hogar. Esto puede afectar la autoestima al punto en que uno quiere aislarse, simplemente para que no lo hieran más. Quizás y aún después de muchos años, sigues cargando con esas heridas, pensando que no tienes valor, pero quiero que sepas que Dios anhela devolverte el valor que te quitaron y sanar tus heridas, pues para Él vales mucho y te ama de una manera profunda.

No permitas que otras personas definan tu destino, acércate a Dios para que Él sea quien lo haga.

Dios quiere devolverte tu valor para que tengas una sana autoestima.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Destino Final

Una piedrecita reposaba en el fondo del arroyo. Al llegar la primavera, con las lluvias, la corriente se dirigió a ella y le dijo:

      – Si quieres te llevo al mar.

La piedra hizo algunos movimientos de resistencia tratando de agarrarse al fondo y contestó a la corriente con aire indiferente:

      – ¡El Mar!… ¡El mar no existe! Sólo existe el arroyo, las piedras y las vacas que nos pasan por encima de vez en cuando. Sigues tan idealista como siempre… ¡el mar!

Pero la corriente volvió a susurrar:

      – Deja que te lleve al mar, deja que te lleve.

Y la piedra contestó, dejándose arrastrar:

      – Bueno, vamos – porque en el fondo le gustaba la aventura. Era una piedra volcánica, con algunas estrías claras de las que estaba muy orgullosa.

A pesar de viajar a merced de la corriente solía hacer comentarios autoritarios para sentir que la dominaba.

      – Mira- dijo una vez con cierto aire despectivo- ¡Ya hemos pasado varios recodos y el mar no está! ¡Déjame aquí!, estoy cansada de rebotar entre las peñas del cauce.

      – Deja que te lleve… – respondía suavemente la corriente

La piedra pasó por aguas ennegrecidas y dijo:

      – ¿A dónde me has traído, sinvergüenza? ¿Esto es el mar? ¡Prefiero que me pisen las vacas!

Pero la corriente ya no respondía y tan sólo aumentaba la velocidad.

      – ¡Para ya! – gritó la piedra chocando contra los guijarros- ¡Vas a destruirme! ¿Es que no te das cuenta? ¡No quiero ir al mar!… ¡Odio el mar!

La corriente la arrastró con gran vehemencia haciendo sentir un gran vértigo a la piedra, que en el colmo de su furia gritó:

      – ¡También te…!

Pero no pudo seguir porque estaba cayendo por una enorme cascada. Y ya en el fondo añadió casi sin fuerzas:

      – También te odio a ti, Arroyo… no vale la pena perder mis esquirlas por ese sueño que llamas mar. Juegas conmigo sin sentido.

Pasaron a gran velocidad entre muchos rápidos. Luego siguieron por remansos tranquilos, llenos de algas y líquenes.

La piedra ya no decía nada. Se había abandonado a la corriente. Tenía la superficie cubierta de grietas y casi no se reconocía a sí misma. Todo le dolía.

Atrás quedaron diversas orillas, bosques, aldeas. A la piedra sólo le quedaba el silencio, la corriente y el recuerdo de los golpes recibidos en la trayectoria desgraciada. Pero lo peor era el silencio.

De repente, escuchó otra voz. Era una voz muy distinta; grande, cautivadora y muy azul:

      – Por fin has llegado, piedra mía – dijo el mar.

Y mientras caía dulcemente entre espléndidos corales, la piedra giró sobre sí misma varias veces, como murmurando:

      – ¡Gracias arroyo, gracias corriente… os amo!… todo ha valido la pena.

Esta historia, de Miguel Segura,  bien puede ilustrar el viaje de nuestra vida. En medio de la travesía vamos perdiendo las estrías de las que alguna vez nos sentimos orgullosos, pasamos por momentos de dolor en los que pensamos que hubiera sido mejor quedarnos donde estábamos, el silencio ante nuestras oraciones,  el dolor y la impotencia, nos invaden y sin más nada que hacer dejamos de pelear con nuestras fuerzas y nos rendimos a la corriente.

Nadie dijo que el viaje sería sencillo y que sólo disfrutaríamos del paisaje, pero sin duda alguna, todo lo que vivimos en este viaje va formando nuestras vidas,  y  en el momento que menos lo pensamos  habremos llegado  a nuestro destino final y podremos ver que la travesía valió la pena.

“He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel. Ahora me espera el premio, la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me dará el día de su regreso; y el premio no es sólo para mí, sino para todos los que esperan con anhelo su venida”. (2 Timoteo 4:7-8)

No permitas que los golpes en el camino, ni las aguas oscuras o el tiempo que demore este viaje te lleven a anhelar lo que dejaste ni te hagan perder el enfoque; cuando hayas llegado verás que todo valió la pena, tu destino final nunca se comparará con lo que dejaste atrás.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sombras y luces

Que nos ampare e ilumine tu discurso ilustrado. Construye a nuestro alrededor muros protectores. Garantízanos cosas. Asegúranos que las fórmulas que hemos aprendido nos seguirán haciendo bien. Aléjanos con tus advertencias de posibles errores. No queremos perder nada. Queremos tener todo. Aporta seguridad. Diseña futuros promisorios. Combina certezas para nosotros y para nuestra gente. Construye moradas placenteras. Enséñanos un lenguaje de uso exclusivo porque queremos proteger nuestras valiosas y supremas ideas.
Convócanos a solemnes asambleas que den cuenta de nuestras enormes conquistas. Confírmanos la gloria del destino manifiesto que nos señala. Escribe de nuestras hazañas y redacta las crónicas de nuestros héroes. Enséñanos cómo continuar esta saga victoriosa y singular. Abre el libro de memorias para celebrar el pasado ejemplar y soñar un futuro transparente a la luz de los hechos portentosos de nuestros dirigentes.
Aleja de nosotros los ruidos molestos y los idiomas de los otros porque no queremos saber de sus insignificantes asuntos ni oír sus discursos inquietantes. Queremos marcar las diferencias. Somos la luz de este tiempo y no queremos tener nada que ver con sus alborotos y penumbras. Que quede claro dónde somos nosotros y dónde son ellos. Instrúyenos en nuestras defensas. Entrena a nuestra mejor gente para que nos represente en la lucha contra aquellas seducciones inquietantes.
Recuérdanos constantemente el galardón de nuestra conducta superior. Somos diferentes. Estamos limpitos. Sabemos lo necesario. No necesitamos nada que no sea nuestro. Todo está claro. Perfectamente definido. Todo está escrito. Somos ganadores.
…………..
Por acá abajo, sin embargo, señoras y señores, todo es estupor y temblores. Hay frío y violencia. Las palancas del poder movilizan la maquinaria del terror. Tenemos preguntas terribles. Certezas derrumbadas. Hay sangre, mucha sangre. Ausencias imperdonables. Abusos institucionales. Rapiña industrializada. El peso de las cosas nos abruma. Fracasamos tantas veces. Tantas veces somos perdedores. Amamos y dejamos de amar. Nos amaron y después nos descartaron. Somos asesinados con quirúrgica precisión. No calificamos para nada. Somos el lado oscuro de la vida. El olor de la muerte corrompe la esperanza. La noche no termina jamás. Estamos embriagados de tristeza. Nada sabemos de mañana. Olvidamos el pasado o no valía la pena recordarlo. Muy seco todo. Estamos acá. Nada está escrito para nosotros. No somos ganadores. Tenemos mucho que decir pero no nos dejan o ya no tenemos más ganas.

¿Destino o Voluntad de Dios?

El ser humano, está convencido de que todos los detalles de su vida están determinados por el destino y que no puede cambiarlos; llegan a ser fatalistas al considerar todos los acontecimientos como irrevocablemente fijados de antemano por una causa única y sobrenatural.

Por consiguiente, acepta con pasividad todo lo que le ocurre. De ello resultan las frases: “Si Dios quiere salvarme, lo hará de todos modos”.

Es cierto que varios pasajes de la Biblia ponen en evidencia la soberanía de Dios. Por ejemplo lo que sucedió con Jeremías “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” Lamentaciones 3:37

Sin embargo,  el verdadero cristiano no sufre pasivamente la voluntad de Dios. Consciente de las circunstancias, por medio de la fe, mantiene con Dios relaciones activas y pasivas.

El creyente confía gozoso en Aquel que “cumplirá el deseo de los que le temen” Salmo 145:19. Junto al Señor siempre puede hallar una respuesta a sus necesidades y una ayuda en las dificultades de la vida. Se somete  a la voluntad del Padre, quien a veces le envía las pruebas, pues nuestro Dios de amor sólo quiere su verdadero bien.

“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” Hebreos 12:11.

Confía, disfruta, actúa y vive las  circunstancias favorables y desagradables y da gracias a Dios por sus bondades y porque su voluntad perfecta se cumpla en ti.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Destino final

Al amanecer, suena la alarma bien fuerte, estiramos el brazo y con la mano pegamos un “manoteo” rápido y se apaga por los próximos 10 minutos. Los que usas para bañarte (en el mejor de los casos),  cambiarte, peinarte,  maquillarte, y estar al lado de la puerta con las llaves en mano para poder llegar a tiempo al trabajo, o a estudiar, o  a llevar a los niños al colegio, etc. Y la carrera comenzó.

El mundo parece que gira mas rápido y todo pasa mas rápido, y cuando te diste vuelta entonces ya no sabes ni donde estas parado.

También pasa eso con la gente últimamente. No sabes bien en quien confiar, ya que el que ayer era tu amigo, hoy ya no.

Pero tengo una buenísima noticia. Hay alguien que no cambia, NUNCA.

Ese es Dios. Él es el mismo de ayer y de hoy y por siempre. Entonces si el mundo gira, el se queda igual. Si alguien te falla, Él no lo hará. Ya sabes en quien confiar.

Y ese mismo Dios, es el que veo haciendo miles de milagros y maravillas y señales en la biblia, miles de años atrás. Con gente que parecía que le creían con una fé que ya no existe. O eso parece.

Pero en estos días, no paro de escuchar historias y testimonios de gente que no solo fueron cambiadas por Jesús, sino también que han tenido ese privilegio que una vez en su vida, por lo menos, puedan recibir un milagro de Cristo.

Dios hace y deshace según su perfecto plan. Plan en el que El es el centro, pero tu eres el protagonista.

Y como creador, como el escritor de tu historia, como el director de esta orquesta, Dios quiere lo mejor para ti.

El sigue siendo el que hace esos milagros, el que convierte lo imposible en posible, El es el que no tiene limites. Y así como lo mostró en la biblia una y otra vez, sabe que milagro necesitas. Sabe que es lo que te hará feliz. Pero sobre todo sabe tu destino final.

Si crees en el Dios de lo imposible, es probable que consigas tu milagro. Pero mejor aun, si crees en que el creador de todo este universo es tu padre, puede que llegues a ese destino final que Él te tiene preparado, y  te reciba con felicitaciones.

Siempre confía que Él tiene el camino perfecto para ti.

Manglares

Compartimentos herméticos donde se encapsulan fraternidades que se confieren a sí mismas la representación de la totalidad de la especie. Territorios diseñados por la imaginación de invisibles ingenieros y delineados para contener a la población que entra en el proceso introductorio del sistema, adhiere a incuestionables artículos de fe, jura fidelidad y promete colaboración irrestricta.

Allí se resuelven las cuestiones comunes como si eso fuese la corte suprema de todo y de todos. Construyen lecturas de los acontecimientos de todos los tiempos y se las transmiten unos a otros como verdades únicas y definitivas. Sus sumos dirigentes se consagran a sí mismos como traducción directa de la deidad ingeniera suprema y su dictamen es intemporal e irrefutable; admiten con afectada humildad no ser infalibles pero sus juicios son inimpugnables.

Desde las almenas de sus fortalezas anuncian a los extranjeros su inescapable destino con una ingenuidad que tiene tanto de cómica como de trágica; así también se refieren, ex cathedra, a todos los asuntos de la vida y emiten solemnes opiniones devastadoramente desinformadas. Lanzan anatema respecto de los mundos que no les son propios al mismo tiempo que siguen sus tendencias y toman ventaja de todos sus productos y servicios.

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En realidad, esta no es más que una figura literaria un poco extrapolada y con antojadizos relieves antropomórficos y que se inspira en los relatos de un viejo explorador irlandés que hace mucho tiempo – bajo los efectos de un whisky notoriamente incendiario y en un inglés bastante pedregoso – me ilustró sobre el comportamiento de unos extraños manglares que se producen en el litoral de Papua Nueva Guinea. Parecía más una alucinación, una suerte de paranoico apocalipsis a la hora en que el sol es un jarabe espeso y caliente que se desploma sin misericordia desde las alturas y los mosquitos, como formidables ejércitos en orden, destrozan toda la posible tranquilidad de la tarde  en un lugar tan remoto y siniestro como ese…

Cambia tu manera de pensar

Durante la segunda guerra mundial, un joven soldado se casó y llevó a su esposa a vivir al destacamento militar, enclavado en un lugar árido y desolado.

Su esposo estaba fuera de casa la mayor parte del día y ella se sentía abandonada y aburrida. Un día, le escribió a su madre en estos términos: “No me gusta que mi esposo me deje tanto tiempo sola. Éste es un lugar horrible para vivir. Mamá, me vuelvo a casa”.

La madre contestó la carta con una sola frase: “Dos hombres miraban a través de los barrotes de una prisión; uno veía lodo; el otro estrellas”. La joven esposa entendió el mensaje y decidió buscar las “estrellas”. Se informó acerca de la zona, investigó sobre las flores silvestres, estudio el idioma y aprendió las comidas típicas.

Para cuando terminó el período de servicio de su esposo, estaba tan fascinada con el desierto que había escrito un libro acerca del tema. Su equivocada manera de pensar la había llevado a resaltar el lado negativo de todo lo que la rodeaba.

Cuántos de nosotros procedimos alguna vez de la misma manera que esta joven esposa; tal vez al mudarnos a una nueva ciudad, empezar un nuevo trabajo, la universidad o el colegio, al asistir a una nueva iglesia o servir en un nuevo ministerio, y al final nos dimos cuenta que no todo era malo. Al principio seguramente fue complicado, como todo lo que se inicia por primera vez, pero a medida que empezamos a conocer el lugar, que nos familiarizamos con las personas y conocimos cómo funcionaban las cosas, llegamos a sentirnos uno más de ellos y a disfrutar cada día.

Si tú eres una de esas personas que está iniciando una nueva etapa en su vida y te has estado quejando o juzgando todo antes de conocer las cosas, por tu bien te aconsejo que no sigas actuando de esa manera, cambia tu manera de pensar y de ver todo lo que te rodea, date la oportunidad de conocer a las personas y el lugar donde te encuentras; solo así podrás tener un verdadero fundamento para decidir dar un paso atrás o seguir adelante.

Hay oportunidades que solo se nos presentan una sola vez en la vida, por esa razón, es que debemos pedirle a Dios sabiduría, discernimiento y dirección para no equivocarnos o perder cosas valiosas que nos costarán mucho tiempo recuperarlas, en caso de ser posible; sino más bien obtener todas las bendiciones que Él preparó para cada uno de nosotros.

Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto. Romanos 12:2 (TLA)

¡En cuanto cambiemos nuestra forma de pensar, cambiará nuestra manera de vivir!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La carrera

No todas las carreras pasan por los mismos caminos, en muchas oportunidades nosotros escogemos el camino y decidimos los pasos que damos.

 

La meta siempre será la misma. El punto está en saber si es la correcta la que nosotros estamos queriendo conquistar.

 

Este video puede cambiar tu perspectiva.

 

Realización y producción de YesHeis.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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